El crédito influye poderosamente en la producción de la riqueza, pues las personas que gozan de él obtienen capitales al fiado, sin necesidad de entregar en el acto valores equivalentes, y de este modo pueden disponer de los bienes ajenos cuyos dueños no quieren o no pueden emplearlos por sí mismos simplifica las operaciones del cambio y, en suma, allega medios para el trabajo; pero todas estas facilidades y ventajas se traducen en inconvenientes y perjuicios cuando se abusa del crédito.

El crédito se ha dividido en dos grandes agrupaciones: crédito público y crédito privado.

Crédito público es el que inspiran las naciones, las provincias y las ciudades, representadas  por sus gobiernos, diputaciones y municipios.

Este crédito constituye la honra de los Estados y debe mantenerse a gran altura, cumpliendo con fidelidad lo estipulado, publicando con lealtad las operaciones del Tesoro y haciendo que los ingresos superen a los gastos; pero sólo debe utilizarse para atender necesidades verdaderas, como la defensa del territorio nacional o la terminación de obras reproductivas, pues es peligroso abusar de él, por la carga que representa el pago de intereses.

Crédito privado es el que disfrutan los particulares, bien sean considerados individualmente o como personas jurídicas (Autónomos o Empresas).

El crédito es muy importante, y entre todas las clases sociales, v en consideración a las, varias formas que reviste se ha subdividido en mutuo y solidario, real y personal, pignoraticio e hipotecario, mobiliario y territorial, activo y pasivo.

Crédito mutuo o popular es el que gozan algunas personas cuando se reúnen conviniendo en otorgarse recíproca confianza, a cuyo fin los que poseen capitales los depositan en la caja social, los que necesitan fondos los sacan de ella con las garantías estipuladas en los estatutos.

Crédito solidario o cooperativo el que tienen varias personas, por lo común obreros o artesanos, cuando se reúnen y obligan, así individual como colectivamente, para responder con todos sus bienes de los compromisos contraídos por cada uno de los socios.

Es crédito real el que se basa en el valor de la cosa que se deja en garantía del cumplimiento de la obligación contraída. Este crédito se llama pignoraticio o sobre prenda, cuando el préstamo se hace sobre el valor de una cosa u objeto mueble que se entrega en garantía, como ocurre en los Montes de Piedad; y se denomina hipotecario, cuando el préstamo se hace sobre el valor de una finca o inmueble, que se inscribe en el Registro de hipotecas, para responder del pago, como sucede en los Bancos Hipotecarios.

Crédito personal o moral es el que se funda en la confianza que inspiran las cualidades individuales del creditario, o en la garantía de un fiador que responda subsidiaria o solidariamente de las obligaciones contraídas por el deudor.

Crédito mobiliario el que estriba en los bienes y operaciones de la industria y el comercio. Este crédito se llama industrial o fabril, cuando el capital prestado se utiliza en la industria, y la garantía dada son los edificios, las máquinas y los productos; y se llama comercial o mercantil, cuando el préstamo se emplea en el comercio, y la garantía ofrecida son los almacenes, las tiendas y los géneros.

Crédito territorial o inmobiliario es el que se fundamenta en el valor de los bienes raíces, y tiene por objeto movilizar la propiedad urbana, o desarrollar la rural, recibiendo en este último caso el nombre de crédito agrícola.

Por último, el crédito es activo o pasivo, según que la confianza se tenga o se inspire; pero esta clasificación es inexacta, toda vez que quien necesitas ser creído es el deudor para que le presten y no el acreedor para prestar.

Resumiendo, la base del crédito es la confianza, En rigor, el crédito comercial es el más verdadero, importante y extendido, porque supone mayor grado de confianza, influye mejor en el desarrollo de la riqueza y es de uso más general.